Podcast. E04 – Viajando en autocaravana desde Países Bajos a España: una ola de calor histórica
¡Hola, caracola! He estado un tiempo en silencio porque, entre ser madre, impartir y preparar clases, organizar los próximos viajes de turismo idiomático, algunos problemas personales y, sobre todo, terminar el proyecto de mi nueva página web, ¡no me daba la vida! Por cierto, ¿conoces esta expresión: “no me da la vida”? La usamos mucho en un contexto coloquial para decir que no hay suficientes horas en la vida para hacer todo lo que queremos hacer. Sí, lo sé, es una exageración, pero te aseguro que la usamos bastante en España.
En el episodio anterior te contaba que estaba muy nerviosa con la idea de viajar en autocaravana y acampar, y que no sabía qué esperar. Te dejé con el final abierto sobre lo que vendría después. De hecho, solo te adelanté que lo que nos esperaba era una ola de calor histórica. Pero ahí lo dejé, no te conté nada más. Como solemos decir en España: ¡te dejé con el caramelo en la boca!
Por cierto, ¿por qué uso el Pretérito Imperfecto en la oración “lo que nos esperaba era una ola de calor histórica”? No tengo intención de usar este medio para hablar de gramática, pero en este caso me apetece. Te dejo diez segundos en silencio para que pienses la respuesta.
(10 segundos de pausa)
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Bien, ¡seguro que lo has adivinado! Tengo plena confianza en ti. Y si no, pues no pasa nada. Para eso estás aprendiendo español. Sé que lo decimos todos los profesores de español —o eso me parece a mí—, pero te lo recuerdo: cometer errores es parte del proceso de aprendizaje. No hay nada de malo en ello.
Entonces, la oración: “lo que nos esperaba era una ola de calor histórica”. ¿Por qué uso aquí el Pretérito Imperfecto? Bien, pues para describir una circunstancia o estado en desarrollo en el pasado y no un hecho puntual y cerrado. En estas circunstancias es muy común emplear el Pretérito Imperfecto, ya que es una forma muy natural de narrar hechos pasados que no están limitados a un instante, sino que se mantienen en el tiempo. En este caso, hablamos de una expectativa previa a que ocurriera la ola de calor. La expectativa es algo de larga duración y la ola de calor es un hecho puntual. ¿Lo habías pensado también así? Déjame saber en los comentarios. Por cierto, no sé si lo sabías, pero si estás escuchando esto en Spotify, existe la opción de dejar un comentario. Y ten por seguro que tu comentario es más que bienvenido.
Dejando la gramática a un lado y volviendo a la ola de calor, lo cierto es que no se nos ocurrió mirar la previsión del tiempo antes de viajar. ¡Teníamos demasiadas cosas en la cabeza! Así que de camino a Francia empezamos a sentir que el calor que estábamos experimentando, fuera y dentro de la (auto)caravana, no era en absoluto normal. Hacía un sol abrasador. De hecho, en mi móvil saltó la alarma varias veces avisando de que se estaba sobrecalentando (el móvil, claro). ¡Era la primera vez que veía mensajes de este tipo en mi teléfono! En Países Bajos recibir este tipo de alertas no es algo que suceda tan fácilmente, como te podrás imaginar…
¿Qué hicimos para sobrellevar la ola de calor? Pues el tonto. Hicimos el tonto. ¿Por qué? Porque teníamos que haber dormido cada noche en un camping y disfrutar del agua fresquita de una ducha, meternos en una piscina, estar un poquito bajo la sombra de un árbol… No sé, en un entorno más cómodo, al fin y al cabo. Pero somos muy cabezotas y por ahorrar dinero y vivir “la auténtica aventura de acampar” no lo hicimos. Mirando atrás, no volvería a hacer algo así ni loca. En absoluto.
Entonces, si apenas paramos en campings, ¿cómo nos refrescábamos?
Pues buscábamos ríos. Eso nos llevó a bañarnos en lugares naturales preciosos, la verdad sea dicha. Pero llegué a mi límite en un pueblo muy bonito llamado Vogüé, en la región de Ardèche. Ardèche (no sé si lo pronuncio bien, lo siento) es una zona de paisajes salvajes, cañones profundos y pueblos medievales que parecen detenidos en el tiempo. Está en Francia. En Vogüé, el río corre entre casas de piedra pegadas a la montaña. Bañarse ahí fue una auténtica experiencia. Definitivamente algo muy agradable para los sentidos. Además, había algunas personas, pero no demasiadas… En fin, un ambiente familiar y agradable.
Pero entonces, ¿por qué llegué a mi límite en este pueblo tan pintoresco? Pues porque después de pasar mucho calor durante el día y sentir que me moría por las noches durante todo nuestro viaje, nuestro frigorífico decidió fallar. En fin, lo que nos faltaba. O como dicen por aquí: “éramos pocos y parió la abuela”. Si te parece interesante esta expresión, te animo a que busques su significado en internet. Y cuéntame en los comentarios.
Bueno, imagínate esta situación: no teníamos bebidas frías porque el frigorífico no funcionaba y, encima, en un momento dado entré en la autocaravana y encontré el suelo lleno de grasa… ¿Te imaginas lo ocurrido? Bueno, te lo cuento yo, por si acaso: la mantequilla que teníamos en el frigo se había derretido y se había extendido, por supuesto, por todas partes. Ahí exploté y le dije a Mark: “Oye, cojo un avión y me vuelvo a Holanda”. Discutimos, claro. Ahí me di cuenta de que el calor extremo puede sacar lo peor de ti y hacerte perder los papeles. O dicho de otra manera: te puede hacer perder los nervios. En resumen, y para usar otra expresión —que es, al fin y al cabo, lo que me interesa en este podcast sobre todo (compartir muchas expresiones)—: esta situación fue “la gota que colmó el vaso”. Dime en los comentarios si estas expresiones te parecen interesantes, ¿vale? Me interesa.
Volviendo a la historia y, en retrospectiva, Ardèche me pareció espectacular. Eso sí: Vallon Pont d’Arc (perdona por la pronunciación otra vez), con su famoso puente natural, estaba a reventar de turistas. Nada que ver con la tranquilidad que experimentamos en Vogüé, aunque en ambos lugares disfrutamos del baño (más en Vogüé porque había menos gente, todo sea dicho). Vallon Pont d’Arc es considerado, por cierto, la “puerta de entrada” a las Gargantas del Ardèche.
Así que como puedes escuchar, ¡no todo en este viaje fue negativo! Aunque el ambiente estuviera caldeado (literal y figurativamente), también hubo momentos muy entrañables. Por ejemplo, pasamos por la Borgoña —Bourgogne (no sé si se pronuncia así)— y me enamoré del pueblo de Beaune. Comimos en un restaurante pequeñito llamado Soul Kitchen, en este pueblo, y visitamos Hospices de Beaune, un antiguo hospital medieval convertido en museo, con unos tejados policromados que parecen sacados de un cuento.
A veces fantaseo con tener una casita de verano en la Borgoña y me imagino trabajando en la terraza con un té mientras mi hijo juega en la huerta, de vez en cuando observando a otros vecinos que también cuidan de sus propias huertas. También imagino cómo entre vecinos intercambiamos los productos de estas huertas. En fin, ¡soñar es gratis! La verdad es que en realidad me imagino viviendo en muchos sitios del extranjero. No sé qué es, pero tengo una notable inclinación por otras culturas, lenguas y maneras de vivir que me lleva a imaginarme viviendo en otros lugares que no sean España. Siempre me ha pasado. De hecho, acabé viviendo diez años en Holanda. Me tira lo internacional. Mi padre diría, en este caso, que soy “un culo de mal asiento”. Yo prefiero usar otra expresión más amable: “culo inquieto.” ¿Cuál de estas dos prefieres tú?
Después de pasar por Francia y disfrutar de un tiempo en la Borgoña y en Ardèche, seguimos camino hacia España en busca de un lugar donde vivir en el futuro. Importante: en este viaje no tratábamos de buscar una casa en concreto, sino de conocer zonas, sentir la energía y ver si conectábamos con algún lugar. Y si algo nos gustaba, la idea era volver en otro momento y buscar allí una casa con más calma. En resumen: este viaje era más bien una toma de contacto y no tanto una búsqueda exhaustiva.
Ya hemos terminado por hoy. En el próximo episodio te cuento cómo fue la vuelta a Países Bajos y qué zonas de España estuvimos explorando. Gracias por escuchar hasta aquí y si te gusta el contenido de mi pódcast, no dudes en compartirlo con quienes puedan estar interesados. Y por supuesto, si tienes sugerencias, no dudes en escribirme. Te dejo mi correo electrónico y el resto de mis enlaces en las notas de este episodio, como siempre.
Lo dicho: ¡Nos escuchamos en el siguiente! 🙂
VERSIÓN SIMPLIFICADA: ESPAÑOL INTERMEDIO
¡Hola, caracola! En el episodio anterior te contaba que estaba muy nerviosa por viajar en autocaravana y acampar. No sabía qué esperar. Te dejé con el final abierto sobre lo que pasaría después. Solo te dije que nos esperaba una ola de calor histórica.
La verdad es que no miramos el pronóstico del tiempo antes de viajar. ¡Teníamos demasiadas cosas en la cabeza! Al llegar a Francia, sentimos que el calor era muy fuerte, dentro y fuera de la autocaravana. Hacía un sol abrasador. En mi móvil saltaron varias alertas porque se estaba calentando demasiado. ¡Nunca había visto eso!
¿Qué hicimos para soportar el calor? Hicimos el tonto. Normalmente dormiríamos en un camping y usaríamos la ducha o la piscina, o estaríamos bajo la sombra de un árbol… Pero quisimos ahorrar dinero y vivir “la auténtica aventura de acampar”. Mirando atrás, no volvería a hacer eso.
¿Cómo nos refrescábamos entonces? Buscábamos ríos para bañarnos. Pero en un pueblo muy bonito llamado Vogüé, en la región de Ardèche, llegué a mi límite. ¿Por qué llegué a mi límite? Porque después de pasar mucho calor, nuestro frigorífico falló. La mantequilla se derritió y se esparció por toda la autocaravana. Ahí exploté y le dije a Mark: “Me voy a Holanda en avión”. Discutimos, claro. Aprendí que el calor extremo puede sacar lo peor de ti y hacerte perder los nervios.
Aun así, el viaje tuvo momentos muy bonitos. Por ejemplo, en Borgoña (Bourgogne) visité el pueblo de Beaune. Comimos en un restaurante pequeño llamado Soul Kitchen y visitamos Hospices de Beaune, un antiguo hospital medieval convertido en museo. Sus tejados parecen de un cuento. A pesar del mal trago con la mantequilla y la ola de calor en Vogüé, también disfrutamos de la belleza del pueblo y los baños refrescantes en el río.
Después de Francia, seguimos hacia España para conocer lugares donde vivir en el futuro. No buscábamos una casa concreta, solo conocer zonas y sentir la energía del lugar. La idea era volver después si nos gustaba.
En el próximo episodio te cuento cómo fue la vuelta a los Países Bajos y qué zonas de España estuvimos explorando. Gracias por escuchar hasta aquí y si te gusta el contenido de mi pódcast, no dudes en compartirlo con quienes puedan estar interesados. Y por supuesto, si tienes sugerencias, no dudes en escribirme a spaanslerenmetlaura@gmail.com.
¡Nos escuchamos en el siguiente episodio! Gracias, ¡y hasta la próxima!
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